Reconstrucción

Política estatal de diseño de espacios públicos seguros en la reconstrucción de posguerra

Por qué Ucrania necesita no solo reconstruir las ciudades destruidas, sino crear un entorno de vida nuevo y más seguro.

Seguridad de los espacios públicos en la reconstrucción de posguerra

La reconstrucción de Ucrania ya se ha convertido en uno de los mayores desafíos para el Estado y la administración local. Hay que restaurar viviendas, carreteras, escuelas, hospitales, empresas y espacios públicos. Pero junto a las cuestiones de financiación, plazos de construcción y soluciones arquitectónicas hay otra, no menos importante: la seguridad de las personas.

En mi opinión, precisamente la seguridad debe convertirse en uno de los principales criterios de calidad de la reconstrucción de posguerra. Tenemos la oportunidad no solo de devolver a las ciudades su aspecto anterior, sino de hacerlas más cómodas, más accesibles y más protegidas frente a las amenazas actuales. Es importante no perder esa oportunidad.

La seguridad no empieza con cámaras y vigilantes

Cuando se habla de la seguridad del espacio público, lo más habitual es mencionar la videovigilancia, la iluminación, las vallas o la vigilancia. Sin duda, todo eso puede ser necesario. Pero esos medios no siempre resuelven el problema principal.

Imaginemos una nueva plaza urbana. Tiene un pavimento moderno, bancos bonitos, zonas verdes e iluminación. Sin embargo, junto al lugar donde se concentra mucha gente pasa un tráfico rodado intenso. El acceso de los equipos de rescate es difícil, la ruta al refugio no está clara y, durante una evacuación, los flujos de personas se cruzan.

Formalmente el objeto puede parecer terminado. Pero ¿puede llamarse seguro? En mi opinión, no. La seguridad debe incorporarse ya en la fase de planificación del territorio, antes de que se apruebe el proyecto, se hagan las compras y se gaste el dinero en la construcción.

En la práctica internacional este enfoque se conoce como Security by Design, «seguridad desde el diseño». Su significado es bastante sencillo: es mejor prever el peligro con antelación que gastar después dinero adicional en corregir errores.

Por ejemplo, unas entradas bien situadas, una buena visibilidad del terreno, una iluminación bien pensada y la separación de los flujos de vehículos y peatones pueden reducir los riesgos incluso antes de instalar sistemas técnicos. Al mismo tiempo, un espacio seguro no debe convertirse en un recinto tras una valla alta. Las personas deben sentirse libres en él, no en un ambiente de control constante.

La guerra ha cambiado los requisitos del entorno urbano

Antes de la invasión a gran escala, la seguridad de los espacios públicos se asociaba sobre todo con la delincuencia, el tráfico, los incendios, el orden público y las emergencias. Hoy esa lista es mucho más amplia.

Es necesario tener en cuenta los ataques con misiles y drones, los objetos explosivos, el sabotaje, las amenazas terroristas, los cortes de electricidad, las interrupciones de las comunicaciones y la posibilidad de que se produzcan varios sucesos peligrosos a la vez.

La particularidad de las amenazas actuales es que un problema puede provocar otro. Por ejemplo, la falta de electricidad afecta a la iluminación y a la alerta. La falta de comunicación dificulta la coordinación de los servicios. Y unas rutas mal organizadas pueden crear una peligrosa aglomeración durante una evacuación. Por eso hoy no basta con prever un refugio o instalar un sistema de alerta: hay que entender cómo funcionarán juntas esas soluciones.

La accesibilidad requiere atención aparte. Una persona en silla de ruedas, un veterano con movilidad reducida, unos padres con un cochecito o una persona mayor deben tener una posibilidad real de moverse con seguridad por el recinto y llegar al refugio. Una seguridad accesible solo para quien está en buena forma física no puede considerarse completa.

Hostómel, Bucha e Irpín: reconstrucción teniendo en cuenta la experiencia vivida

La cuestión de la reconstrucción segura tiene una importancia especial para las comunidades que han vivido combates. Hostómel, Bucha e Irpín son ejemplos elocuentes de territorios donde la restauración de la infraestructura debe combinarse con nuevos enfoques de protección de las personas. Estas comunidades comparten la experiencia de la guerra, pero se diferencian en la planificación del territorio, la infraestructura de transporte, la densidad de edificación y el carácter de los espacios públicos. Por eso aquí no funcionarán soluciones idénticas para todos los objetos.

Por ejemplo, para un parque urbano es importante evaluar la iluminación, la visibilidad de las rutas, la accesibilidad de las salidas, la posibilidad de acceso de los servicios de emergencia y el comportamiento de los visitantes ante el peligro. En un nodo de transporte las prioridades serán la organización del tráfico, evitar aglomeraciones peligrosas, pasos seguros y una señalización clara. En un espacio conmemorativo donde pueden celebrarse actos multitudinarios hay que considerar además el carácter de la afluencia, la gestión de los flujos de personas, el acceso de los servicios de rescate y la respuesta a emergencias. Y el entorno de una escuela, un hospital o un edificio administrativo tendrá sus propias particularidades y requerirá una evaluación aparte.

Lo principal es que la comunidad sepa qué riesgos existen en su territorio, quién es responsable de reducirlos y qué hay que hacer en primer lugar.

Por qué el Estado necesita una política de seguridad única

En Ucrania ya existe un número considerable de documentos normativos que regulan la construcción, la protección civil, la seguridad contra incendios, el acondicionamiento urbano, el tráfico y la accesibilidad de los objetos. El problema no es tanto la falta de reglas como que a menudo se aplican por separado.

El arquitecto es responsable del diseño, el constructor de la ejecución de las obras, los servicios correspondientes del cumplimiento de los requisitos especiales y las autoridades locales de la organización de la reconstrucción y del posterior mantenimiento del objeto. Pero ¿quién comprueba hasta qué punto todas estas decisiones juntas garantizan la seguridad real de la persona?

He propuesto un nuevo modelo que combina los principios internacionales del CPTED (prevención del delito mediante el diseño ambiental) con la protección civil, la lucha contra las amenazas deliberadas, la accesibilidad y la resiliencia de la infraestructura. Se trata de un orden de trabajo claro: primero evaluamos los riesgos, luego los tenemos en cuenta en el proyecto, determinamos las medidas necesarias, aseguramos la financiación, comprobamos el resultado y mantenemos la seguridad tras la apertura del objeto.

A nivel nacional hay que definir enfoques comunes y requisitos mínimos. A nivel regional, asegurar la coordinación y el apoyo metodológico. Y la comunidad territorial debe responder de las decisiones concretas y de su ejecución. Este reparto permitirá evitar la situación en que un objeto se pone formalmente en funcionamiento, pero nadie responde de su seguridad real.

La auditoría de seguridad debe formar parte de la reconstrucción

Uno de los errores más comunes es empezar comprando equipos sin entender los riesgos reales. Se pueden instalar decenas de cámaras y no asegurar una respuesta adecuada ante un suceso. Se puede adquirir un sistema de alerta y no prever su funcionamiento sin suministro eléctrico. Se puede dotar el recinto de elementos de protección y crear obstáculos para las personas con discapacidad o para los equipos de rescate.

Por eso, antes de reconstruir o crear un espacio público importante conviene realizar una auditoría de seguridad. Para parte de los objetos basta una inspección profesional según una lista única de preguntas; para los espacios grandes o sensibles se necesita una evaluación a fondo. Es importante determinar quién usará el territorio, qué peligros son posibles, cómo recibirán las personas los avisos, hacia dónde se moverán en una emergencia, si podrán trabajar los equipos de rescate y quién responderá del objeto una vez terminada la construcción.

Una herramienta útil puede ser el pasaporte de seguridad del espacio público: un documento con información sobre los principales riesgos, las personas responsables, las medidas de protección disponibles, el procedimiento de respuesta, el estado de los sistemas y los plazos de las siguientes comprobaciones. Ese documento debe ser un instrumento de trabajo, no una carpeta que solo se abre antes de una inspección.

Construir no basta. Hay que asegurar que el sistema funcione

Otro problema de la reconstrucción es financiar solo la construcción en sí o la compra de equipos. La comunidad recibe un moderno sistema de videovigilancia o de alerta, pero al cabo de un tiempo resulta que no hay dinero para el mantenimiento técnico, el pago de las comunicaciones, la sustitución de equipos o la formación del personal. En ese caso, incluso una solución cara va perdiendo eficacia poco a poco.

Por eso el coste de la seguridad hay que calcularlo para todo el período de explotación, no solo en el momento de la compra. Hacen falta personas preparadas, instrucciones claras, ejercicios periódicos, comprobación de los modos de reserva y análisis de los errores tras las emergencias. Es más importante saber si se han corregido las deficiencias críticas, si las rutas de evacuación son accesibles, si los sistemas funcionan sin electricidad y si los responsables están preparados para actuar en una crisis, que limitarse a contar las cámaras instaladas.

Qué se puede hacer ya hoy

Las comunidades territoriales no necesitan esperar a que termine la guerra ni a que aparezca un gran programa estatal para empezar a poner orden en la seguridad. El primer paso debe ser designar a la persona o unidad responsable que coordine la seguridad de los espacios públicos. A continuación hay que inventariar los objetos, determinar las ubicaciones más importantes y evaluar los principales riesgos.

Después conviene elegir varios espacios de distinto uso y probar en ellos el enfoque propuesto: así se puede ir perfeccionando la metodología de auditoría, el orden de interacción de los servicios, los requisitos de diseño, los pliegos técnicos y las reglas de mantenimiento posterior. Al mismo tiempo, cada comunidad debe tener en cuenta sus propios riesgos, las posibilidades de su presupuesto y las necesidades de sus habitantes. El mejor resultado no lo dará la instalación simultánea de equipos en todos los objetos, sino un trabajo secuencial que vaya de los espacios más peligrosos e importantes al resto de territorios.

La reconstrucción debe ser segura para las personas

Hoy Ucrania paga un precio extraordinariamente alto por el derecho a su propio futuro. Por eso no podemos permitirnos repetir los errores del pasado al reconstruir ciudades y comunidades. Las nuevas carreteras, edificios, parques y plazas deben cumplir no solo los requisitos arquitectónicos: deben tener en cuenta las amenazas reales que nuestro país ya ha vivido.

Para mí la seguridad no es el número de vigilantes, cámaras o vallas instaladas. Es un sistema que ayuda a prevenir el peligro, a reducir las consecuencias de los sucesos y a proteger la vida de las personas. Ese es el enfoque que hay que ir incorporando poco a poco a la política estatal de reconstrucción de Ucrania.

No debemos construir simplemente ciudades nuevas en lugar de las destruidas. Debemos crear espacios en los que las personas puedan vivir, trabajar, descansar, criar a sus hijos con tranquilidad y sentirse protegidas. Por eso la seguridad no debe ser una opción adicional de la reconstrucción de posguerra, sino uno de sus principios obligatorios.

Ruslan Papenko, especialista en seguridad corporativa

Fuente: UkrPress.fun